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Lyón, 1843
He fallado a mi maestro. He conspirado su muerte en las sombras, oculta en los rincones. Y con él murieron mis más profundos miedos… Ahora, en la soledad de un cuarto de paso escribo estas líneas, las cuales son muestra fiel de la historia de nuestro amor, del horror de su partida. La débil luz tintinea en la oscuridad y puedo sentir el dolor que exhala de mi carne quemada, la sangre que sana lentamente en mis brazos, en el rostro. Un pequeño resplandor escarlata inunda la negrura de la noche, mientras el pesar de mi alma me escurre por las mejillas… * * * Verano de 1829 La lluvia gris caía intensamente y el viento hacia crujir los rincones del castillo: las luces de las velas se torcían temerosas en la confusión de la tormenta. Las mujeres de la villa se apresuraban con sus pequeños tomados de la mano, corriendo a buscar refugio dando grandes zancadas. Viktor contemplaba la danza de las llamas en el fuego de la biblioteca, tendido sobre un sofá. Al entrar me miró de frente, incorporándose lentamente a medida que me acercaba. Su piel se iluminaba con la luz ocasional de los relámpagos, enmarcando sus ojos intensos. Sus manos generosas recibían mi abrazo: besó mi frente, besó mis labios con fuerza. El suave latir de su corazón, el aroma de sus ropas llenando todo mi ser. Mordió la punta de mi lengua y la sangre fluyó de mi boca a su garganta mientras recorría mi espalda suavemente. -¿Por qué me has abandonado así, amor mío? ¿Qué son todos esos pensamientos que capté en tus adentros? Había abordado el asunto demasiado pronto y miré el piso sin saber que decir. -Sabía bien que la muerte acompañaba tus pasos, pero también la miseria. Anda, puedes decirme. Le miré de nuevo, ¡qué bella era su imagen! Los cabellos negros destacando el rostro blanco: tenía los pómulos masculinos, de líneas rectas que acentuaban la generosidad de su mirada, sin duda su principal atractivo. Sus ojos tenían una belleza que solo podía haber sido humana: la luz inmortal había hecho su trabajo, dándoles ligeros tonos iridiscentes que chispeaban en la oscuridad. -Ellos lo merecían maestro,- comencé- merecían morir en mis manos. No siento culpa, no siento nada por ellos. Nunca esperé volver a la vida de antes. Quiero quedarme aquí, contigo…- Disfruté de nuevo la imagen en mi mente: la muerte perfecta, silenciosa. Dentro, la maldad recorría mi cuerpo nuevamente, me llenaba con su calor. La culpa sólo podía ser momentánea, si… -El nunca habría cruzado la línea por ti Gabrielle, no comprendía nuestro mundo. -No quiero hablar de él, te lo ruego… -Has burlado a la muerte solamente para estar a su lado. Te ha olvidado en cuanto supo lo que eres, cuando miró en tus ojos vacíos, tu fría tez… -Te equivocas, no sigas… -…y le has dado muerte… te has vengado inútilmente. -Lo merecían, ellos lo merecían… Le separé violentamente, avanzando un poco para quedar fuera de su alcance. La furia me hervía las venas. Me sentía débil y expuesta a sus razonamientos. Viktor separó las manos y arqueó las cejas, dispuesto a seguir la discusión. -¡Reconoce lo que sientes, reconoce que lo amas, y reconoce que ahora te duele! Sólo un cobarde ignora la fuerza de sus propios miedos. Anda, acéptalo. -Reconozco que lo amé, si. ¡Pero todo eso ha cambiado cuando le encontré y aceptarlo no es asunto tuyo, lo he resuelto! Viktor me contemplaba ahí, de pie en la habitación y sus labios esbozaron una sonrisa falsa. Se acercó deslizándose como solo pueden hacer los de nuestra especie; tenía una expresión que nunca antes había visto en él: sus ojos se oscurecieron y apretaba los puños con fuerza. De pronto comprendí que debía alejarme inmediatamente, aunque era demasiado tarde. Sus manos me tomaron los brazos, dejándome indefensa bajo su inmensurable fuerza. Acercó su rostro, mientras mi respiración se aceleraba y mi cuerpo temblaba de miedo: -Sé que lo amas más que a mí… ¡Un vil mortal al que poco le importó que dejaras todo por su pequeña y ridícula ilusión! Nunca más estarás con él, nunca más serás la de antes amor mío. La maldad corre por tus venas, la sed guía tu destino, eres un demonio en esta tierra y los mortales no comprenden eso. Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 4:54 PM |
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La presión aumentó y mis ojos se inyectaron de lágrimas sangrientas. Imploraba me dejase tranquila, que terminara aquella tortura. Jamás mencionaría a Marcus de nuevo ni proyectaría la tristeza de su muerte. Sólo deseaba que acabase… Mientras mis ropas se llenaban de manchas color escarlata, Viktor se acercó aun más y lamió mis mejillas, después liberó mis brazos y me sostuvo por las ropas arrojándome sobre el sofá.
Desgarró el vestido, dejándome desnuda mientras colocaba mis manos detrás de la espalda. Comenzó a besarme lentamente y después mordió mi cuello, quedándome sin fuerzas. Sus colmillos desgarraron mis pechos, luego el vientre. Parecía que disfrutaba en mi dolor y yo gritaba por ayuda, gimiendo con fuerza. De pronto caí presa de la sangre perdida y todo mi cuerpo se desvaneció… Aun hoy no recuerdo cómo terminó esa noche, los gritos sordos y su expresión perversa me perseguirían por muchos años, la sombra en su mirada… mi cuerpo destrozado. Desperté en mi lecho, el cual se encontraba dentro de un amplio armario. Estaba vestida deliciosamente en seda roja y mis heridas habían desaparecido. Salí inmediatamente y cerré la habitación por dentro. Después me acerqué a la ventana, la cual abrí de golpe saltando al vacío. Me encaminé por la suave vereda mientras la lluvia ligera lavaba mis lágrimas cargadas de impotencia. -Marcus, mi amado Marcus… Al llegar a la ciudad rodeada de colinas me apresuré en busca de sangre. Las calles desiertas y la luz de la luna brillaban al alejarse la tormenta; Lyón esta bordeada por dos ríos y su arquitectura me recuerda a las iglesias góticas de París, de Marsella. Había una quietud pulcra en el ambiente, casi angelical. Y yo, el demonio bellamente ataviado recorrió las calles hasta dar con un pobre anciano, que dormía profundamente a la puerta central de la catedral de St-Jean. Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 4:54 PM |
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Me acerqué lentamente, indagando sus pensamientos. La furia animal de la sangre, la sed incontrolable en mis adentros. Sus ojos se abrieron cuando casi había terminado, dejando escapar un leve sollozo:
-Tú eres un ángel ¿verdad? Llévame ante el Señor, tómame en tus brazos y cura mis penas, no quiero estar más en este mundo… -Si, soy un ángel- mentí – el Todopoderoso te ha llamado a su lado, no sufras más… El hombre exhaló un último suspiro y murió en mis brazos. Llevé su cuerpo a las afueras de la ciudad y le dí sepultura de la única forma que conocía: implorando a sus espíritus personales, aunque no sabía si alguna vez le habían iluminado. Eran los antiguos orishas de mi natal Macapá, ahora muy lejos y oculta en la jungla… Nunca lamenté la muerte de aquel hombre, sus deseos de abandonar este mundo le habían dado una muerte dulce, sin dolor. Comencé a caminar hacia el castillo, decidida a enfrentar a Viktor. Al ascender hacia mi ventana me llenó el mismo miedo que me había destrozado la noche anterior: sentía la furia de Viktor aun en mi vientre, aunque no era posible que quedara rastro físico de su violencia. Busque por las habitaciones sin éxito. En la biblioteca solo había una carta sellada: Mi amada Gabrielle: La culpa que siento es inmensa. Son tus bellos ojos que me persiguen, que me acorralan en la soledad de mi lecho. He decidido alejarme hasta que tenga valor para mirarte a la cara, para pedirte perdón. La furia que siento al saber que amas a un mortal me ha cegado y me ha llevado a atacarte con la más vil cobardía. Te ruego que no te alejes, por que sin ti mi mundo carece de sentido, mis noches están incompletas sin el calor de tus besos… Por favor, te imploro te quedes en el castillo hasta que vuelva en la próxima luna llena. Debo atender asuntos importantes pero también necesito reunir fuerzas para enfrentarme a ti, mi amada y delicada belleza. He llenado tu habitación con finas ropas que poco reparan el daño hecho, pero espero tu amor pueda llegar a perdonarme, eres un ángel que me ha rescatado y no quiero perderte. En casa he preparado también una habitación especial con espejos largos en todas las paredes. Puedes volver a deleitarme como cuando te ví por vez primera, ¿recuerdas? Tenías una imagen enternecedora ahí parada tras el telón, temblando de nervios. El suave vestido cubría tu cuerpo menudo y frágil… La pena de tu corazón, demasiado joven, demasiado intensa. Tus brazos abiertos, entregándote a la música con pasión y desenfreno… Espero estás palabras conmuevan tu alma y te encuentre en casa a mi regreso. Todos los sirvientes del castillo están a tu dispocision y te ayudaran en cualquier tarea que les asignes. Mi amor, no te alejes, quiero ser tu apoyo y quedarme cerca para que todo sea mas liviano, quiero ser la luz de luna en tu ventana, cuidarte y protegerte en está maldición a la que llamamos vida. Siempre tuyo, Viktor. Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 4:55 PM |
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Pero no volvió a la luna llena, tampoco a la siguiente y mis noches corrían lentamente esperando su regreso: pasaba el tiempo devorando tomos enteros de información en la biblioteca, me llenaba de la historia de aquel país, de su eterna resistencia y su alegría: lo traen en las venas, incluso su sangre tiene un sabor distinto. Nacen ya cargados de ideales, de una fraternidad desmedida. Solo su aplastante orgullo puede sobrepasar esta belleza. Francia defendía la revolución, el cambio. La presión desmedida de las fuerzas burocráticas había llevado la guerra a esos pequeños y pobres confines, terminando con la paz solo unos años antes. Desconozco las razones que me hicieron quedarme y tal vez se deba a que no tenia sitio alguno donde ir. Mi breve visita a casa había terminado abruptamente y no podía volver. Sentía que Viktor era el único ser que podía entenderme, y casi sin darme cuenta perdoné sus fallas cegándome a la verdad. Le esperé, esperé mucho tiempo su regreso y al fin una noche volvió al castillo, solo que esta vez, no estaba solo… * * * Invierno de 1842 Salí a su encuentro en el amplio salón de la entrada, donde los sirvientes se apresuraban cargando enormes paquetes que llevaban en brazos. Viktor vestía un largo abrigo de pieles que llegaba hasta el suelo, sentir sus ojos en la oscuridad me indicaba que esperaba mi presencia. Traía del brazo a una extraña mujer de cabello largo, negro. Sus ojos eran profundos, adornados con khol que enmarcaban aun más la oscuridad de su mirada. Tenía el rostro cubierto hasta las mejillas y daba una imagen desconcertante con los complejos diseños de sus ropas, las joyas pesadas que pendían de sus manos, de sus cabellos. Al tenerme de frente retiró el suave velo de su rostro y una sonrisa sincera ilumino su mirada: -Pía, mi nombre es Pía. Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 4:55 PM |
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Viktor se acerco para presentarme a la peculiar visita a la cual decía su madre, la había presentado como su madre aunque en realidad no se asemejaban en lo mas mínimo. Sentía una enorme fuerza alrededor de aquella mujer, que me miraba curiosa a cada movimiento. Entonces miré sus manos y comprendí que frente tenia un vampiro antiguo, un cuerpo joven y fuerte al momento de morir. La extraña energía que emanaba de ella era la sangre cargada de la sabiduría de los siglos, la muerte escondida hasta el ultimo rincón de su ser.
-Eres lista, si. Lo notaste desde luego… no debes temerme, no te haré daño. Pía tomó mi mano y sentí nuevamente su poder, como una ola de frío que llenaba la habitación desde su interior. Había un extraño acento en su habla, los labios delgados, asomando unos colmillos pequeños y hermosos. La tez blanca y pura como marfil, brillando a la luz de las antorchas. Varios meses después comencé a darme cuenta los extraños acontecimientos que ocurrían a mí alrededor… De haberlo sabido tal vez habría huido antes, pero estaba destinada a la fatalidad de continuar: Temprano, al morir el sol, Viktor salía de su refugio y desaparecía durante horas para regresar cerca de la media noche. Siempre tenía una excusa para su ausencia, o pretextaba que le gustaba salir solo de cacería. En el castillo, las mujeres que se dedicaban a las faenas domesticas eran sustituidas constantemente. Uno siempre podía ver caras nuevas, cada vez más jóvenes. Eran todas mujeres… no había reparado que todos los sirvientes en el castillo eran femeninas. Incluso los trabajadores del taller textil, junto al castillo. Nunca les veíamos, aunque sabíamos que estaban cerca y dejaban sus labores antes de caer la noche… Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 4:56 PM |
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-¿Desea algo más madame?
Los cabellos rubios enmarcaban sus ojos azules, aquella muchacha no podían tener mas de 16 años. La mirada nerviosa denotaba su primera noche en el castillo; esa forma de tocarme, como quien contempla un ser que no es de este mundo… Le indique con un gesto que podía retirarse, Pía entro en mi habitación en ese momento: -Pía, ¿Sabes donde va Viktor por las noches?- -No, ciertamente no lo sé. -Debo contarle… no me he sentido bien, hay algo que no entiendo del todo. Tantas dudas… Seguramente bebe sangre… como nosotras. -Gabrielle, debes saber que tu amado es un alma solitaria, que aun después de todos estos años llora por la vida que se le ha escapado de las manos. Seguramente es incapaz de atacar a un mortal frente a ti… desde que regresamos solo busca tu perdón pequeña, pero no puede mostrarse débil ante nuestros ojos… no es sensato hurgar entre los secretos de quienes amamos; podrían dejarnos ver quienes son al dejar escapar sus propios demonios… Cuando mi pensamiento se saturaba de preguntas aparecía Viktor, con la luz espectral en sus ojos, con el viento frió de la noche. Su boca sabia a sangre y sus manos dibujaban mi rostro delicadamente. El tiempo se detenía cuando me tomaba entre sus brazos, el suave y acompasado latir de su corazón. Es indeible lo que su presencia hacia a todo mi ser, la entrega de mis miedos y mis esperanzas en un beso, en una sola de sus caricias. Viktor me hacia olvidar toda duda, todo reproche. Venia a mi lecho cerca del amanecer y contemplaba mi cuerpo sumido en el sueño de muerte. Incluso había ocasiones en que se quedaba: dormía sobre mis cabellos, aforrándome por la espalda. Al despertarme siempre se había ido, llenándome de más dudas… de celos. ¿Por qué nunca bebía de otros frente a mí? Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 4:56 PM |
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En cambio, Pía y yo salíamos de cacería juntas; asistíamos a los pocos espectáculos que aun se presentaban en el pequeño teatro del pueblo y algunos conciertos de opera. Durante las noches pocas personas salían de sus hogares, lo que nos orillo a buscar sangre en otros sitios. Frecuentábamos las tabernas y los campamentos del ejército; donde los hombres esperaban despiertos hasta el alba. Dos bellas mujeres que aparecían en la noche para seducir y arrastrar hombres ansiosos hasta su lecho, donde eran muertos en el frenesí del éxtasis. Descubrí que la sangre sabe mejor cuando esta cargada de lujuria, no de miedo.
Después de matarlos, llevábamos los cadáveres al río. Pía reía y a mi me gustaba el sonido de su voz. Al caminar me tomaba de la mano, y sus labios se apretaban contra los míos dándome los últimos sorbos de sangre fresca. Pía me amaba profundamente, podía sentirlo emanar de su imagen, hasta recorrer cada fibra de mi ser. Siempre tenía las palabras adecuadas y su sabiduría me ayudaba a comprender el mundo violento que cambiaba rápidamente a nuestro alrededor. La guerra y el hambre habían hecho pesado el aire, un olor a muerte flotando sobre las colinas… Los vampiros pasábamos inadvertidos a los miedos de los mortales, el terror de su propia destrucción era tortura suficiente y la muerte era parte de sus días mas aun que de sus noches. Una mañana comencé a tener un sueño desconcertante, que fue repetido varios días, al despertarme siempre estaba bañada en sudor. Mis pies ardían, como si hubiera cruzado descalza una enorme distancia: Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 4:58 PM |
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“Corría… los senderos se abrían hacia el interior de la oscura colina y yo iba descalza; podía oír mi propia respiración agitándose en mi pecho. La luna brillaba en lo alto y sentía la presencia de algo que me perseguía, acercándose un poco a cada paso que daba. No podía mirar atrás, no podía seguir corriendo. Tropecé con una roca y caí dolorosamente colina abajo”
“Al incorporarme miré mi reflejo en un pequeño riachuelo. La imagen no era mía, pero le había visto antes: era la muchacha nerviosa del castillo, la que había desaparecido hacía pocas noches. Su rostro (mi rostro) se enjugaba en lagrimas saladas y miré el mundo de nuevo a través del cristal mortal; (por esa razón nunca pude ver a mi atacante) los movimientos del ser eran rápidos y nos encontrábamos sumidos en la penumbra” “Me haló el cabello antes de que pudiera levantarme y golpeo mi rostro contra el suelo húmedo. La sangre caliente brotaba de mi nariz y el dolor punzante laceraba en mis mejillas. Tomó mis brazos y los torció por detrás para evitar que huyera. Mi vista se oscureció por completo, sintiéndome mover al tocar la hierba que se deslizaba al pasar por mis dedos” “Había una luz tenue en el cuarto donde me encontraba: las paredes frías, marchitas. Del techo colgaban numerosas cadenas de hierro que llegaban poco antes del suelo; alcancé a percibir un olor pestilente muy cerca, aunque no podía precisar de donde provenía” “La luz desapareció, y sentí aquella presencia en la oscuridad, mirándome desde sus ojos vacíos. Un dolor me asaltó entonces, cuando mis brazos fueron perforados con hierros candentes, cuando mis ojos fueron extraídos violentamente. Pude sentir como brotaba la sangre y la oscuridad me envolvió de nuevo. Grité con una voz desconocida, pero los gemidos se ahogaban en una risa macabra, en los movimientos de mi cuerpo moribundo” Desperté con un sobresalto, incapaz de recordar con detalle el sueño; era como si un velo cubriera mis ojos al despertar, y fuera retirado al caer las primeras luces del día. ¿Cómo había entrado en aquella mujer? ¿Cómo pude sentir sus emociones, el latir de la sangre mortal? Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 5:01 PM |
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Busque a Viktor en el oscuro sótano cuando las luces de la tarde aun caían afuera. Pía no había despertado y me encontraba sola. Corrí por el castillo, busque en los jardines cuanto la noche se abrió paso, serena y fría. Los perros salían a mi encuentro y los saludé palpando sus hocicos húmedos. Seguí el camino hacia el bosque, acompañada por las bestias que hurgaban entre la hierba. Al pisar una rama, unas gotas de rocío cayeron sobre mis mejillas y miré el líquido a contra luz: viscoso, pestilente. En realidad todo el sitio tenía un olor a muerte… Entonces uno de los perros levantó su hocico, mostrándome un brazo desmembrado y putrefacto entre sus fauces. La luna brilló en el cielo, rebelando la pila de cadáveres abandonada ahí, a unos metros del castillo.
Los miembros estaban dispersos en el suelo y la base de la pila estaba compuesta por huesos blancos roídos por los perros. En los ojos vacíos de sus cuencas había larvas y gusanos consumiendo la carne: parecían respirar dentro de los cráneos, el hedor era insoportable. Las bestias hurgando y desgarrando, contentos por tener compañía. Sentí una respiración en la nuca, justo detrás de mí. Volví la cabeza lentamente, y me topé con una larga cabellera, con unos los ojos negros y brillantes. -No se supone que descubrieras este sitio, el lugar privado de Viktor- Su voz era nerviosa, angustiada-No digas una palabra pequeña, o te perderé para siempre. Le miré indignada: -Tu sabias de todo esto, tu sabías lo que hace a esas mujeres, lo que hace todas las noches ¿no es así? -Viktor, mi amado… ha sido un gran error, me lo reprocho cada noche. La sed de sangre era ya intensa cuando mortal, y ahora mi poder le ha hecho más fuerte, más perverso… No puedo detenerle pequeña, le amo demasiado… -No podemos permitir que continué todo esto, ¡¡¡debemos detenerlo!!! -No… yo no puedo. ¡Somos vampiros Gabrielle, matamos también! -No matamos por su miedo, matamos para alimentarnos; una vida cada noche. Tomamos su sangre dulcemente y no sufren. No sufren tanto como nosotros… no sufren tanto como yo. -Tú no entiendes, te perseguirá cuando lo sepa. ¡Shhh!, puede oír en la distancia, puede hechizar con sus palabras, con su mirada… -¿Con sus palabras? ¡Eso es Pía!, es por eso que no puedo recordar el sueño… -¿Un sueño? ¿Qué te han mostrado tus sueños? Conté a Pía el extraño sueño donde había sido mortal, el sueño que me había llevado hasta ahí: el sitio de los cadáveres. Le conté como mis dudas desaparecían, como me apartaba de los razonamientos al entregarme a los deseos de Viktor. Pía escuchaba atenta, hilando información en su interior. Una luz dirigió su mirada hacia la penumbra, alguien se acercaba… Pía me tomó de la mano, deslizándonos por la hierba rápidamente. Habíamos corrido por los campos juntas, pero esto era distinto. Antes Viktor había usado el mismo truco para contenerme, y me sorprendí de la rapidez alcanzada con la intensidad del pensamiento. -Ella ha venido a mí también, la niña de cabellos dorados… Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 5:02 PM |
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Estábamos en su habitación, la mirada perdida en Pía. Nuestras manos se tomaron, y en un abrazo concluimos la pronta decisión de salir rápidamente. Había mucho por ser planeado, lejos de los oídos de mi gran amor. Sentía la traición pesada sobre mi espalda, un frío en la nuca. Fuimos a la ciudad, hasta las afueras del cementerio…
-¿Cómo es que ella puede entrar en mis sueños? ¿Ha estado también en los tuyos? Pía tenia la mirada en el suelo: -Vino a mí una mañana, su imagen era enternecedora, sus bellos ojos azules. Me atendió, cepilló mi cabello… Justo entonces ví su imagen reflejada en el espejo: los brazos ensangrentados, de los cuales pendían garfios que perforaban su piel blanca. Las cuencas de sus ojos estaban vacías, enmarcadas con sangre que parecían lágrimas. A su mano le faltaban varios dedos, pero no parecía notarlo, por que siguió su labor hasta posar las cuencas de sus ojos en el espejo. Gritó asustada y desapareció… Eso es todo. -Pero tu no eras ella… solo la viste… ¿Qué significa esto Pía? -Mi pueblo creía que los muertos vuelven cuando necesitan mostrarnos verdades, cuando llevan un mensaje. Pero esto ha sido distinto. Tal vez la conexión con ella sea creada por su propio sufrimiento, pero como has vuelto a ser mortal por unas horas… eso sale de todo mi conocimiento pequeña. Te ha llevado donde están sus restos, es claro que no puede descansar en paz y quiere que hagas algo para solucionarlo. -Y vamos a hacerlo, ¿no es así? ¡¡Debemos detenerlo!! -Te lo he dicho, soy incapaz de dañarlo… -Pero Pía, ¿Puedo dañarlo yo? -Tu sangre es joven, no has cumplido tu primera centuria Gabrielle. Tu cuerpo está unido al destino de Viktor y mucho me temo que si muere, correrás la misma suerte. Además su fuerza es inmensa a comparación de ti. -Entonces no puedo matarlo…. -Sí, si puedes… -¿Cómo Pía? ¿Qué debo hacer para enfrentarlo? -Debes callar justo ahora, he tomado una decisión: Pía se lanzó contra mí con una agilidad asombrosa. Sus manos desgarraron el cuello de mis ropas, dándole paso a mi vena, la cual reventó con sus colmillos afilados. La sangre brotaba hacia su garganta, y Pía la engullía con fuerza mientras sus ojos se apagaban lentamente. Perdí sangre hasta casi morir, y sentí de nuevo la frialdad en mis mejillas, mientras abandonaba mi propio cuerpo. Mis labios regresaron a la vida: la sangre deliciosa en mi garganta, cargada por recuerdos de muchos siglos. Pía estaba dándome su propia fuerza, la cual sentí en mi interior. Reconfortante… Mis ojos habían cambiado y podía ver detalles que antes escapaban a la vista. En mis manos sentía el poder que acababa de ser otorgado: la frialdad de Pía también se había apoderado de mí, también emanaba de mi cuerpo. -Ahora mi pequeña, puedes matarlo… Posted by gaba medina
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Oct 23, 2007 5:02 PM |
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