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El canijo, el insondable, el relativo, el exacto, el cabrón, el pasado, el presente, el futuro, el infeliz, él: el tiempo. Vamos a construir una máquina del no-tiempo para que aprenda este cabrón que no es imprescindible, que no hace falta, que uno sabe exactamente cuando es de día y cuando de noche; cuando hay que dormir; cuando trabajar; cuando escribir. No hacen falta las horas ni los minutos; ni los segundos (¿porqué entonces no hay primeros?). Destruir todos los relojes, vivir sin tiempo, pero sin anular los recuerdos. Entonces el conflicto. Quiero recuerdos pero sin tiempo. ¿Cómo recordaré? Hace tres lunas o hace mil soles que pasó esto o aquello y entonces otra vez a inventar. Por ejemplo, habrá que crear un conjunto de días para llamarlos de alguna forma, algo parecido a las semanas, los meses y los años. Luego alguien querrá dividir los sucesos del día: el alba, el medio día, el ocaso, la noche. ¿Cuantos pasos se pueden dar desde el medio día hasta el ocaso? Entonces nace una medida similar al segundo. ¿Quien carajos va a querer contar todos sus pasos para saber cuando va a llegar el ocaso, la noche o qué se yo? Y ahora sí, a inventar el tiempo y su máquina: el reloj. Pero lo que yo quiero o quería en un principio era destruir el tiempo y sus máquinas, dejar de hacer todo con medida. ¡Ah! Ahora sé que es necesario. El canijo, el insondable, el relativo, el exacto, el cabrón, el pasado, el presente, el futuro, el infeliz, él: el tiempo. Martín Dupá letransfusión
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Jul 21, 2008
9:13 AM
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