-Debo encontrarla- pensó un hombre desesperadamente, proyectando en su interior la imagen de aquella mujer perfecta, capaz de crear un momento para que todo encontrará un poco y sólo un poco de desorden en su vida. ¿Pero cómo una mujer perfecta puede crear desorden, un desorden aparentemente necesario? eso está por verse.
Él, siendo ya perfecto buscaba a una mujer perfecta y ahora que la ha encontrdo tiene miedo, su voluntad se pelea con su razón y su razón como siempre con sus sentimientos. Quiere ser más libre, más osado, quiere correr riesgos que su perfección no le permite, pero tiene miedo, todavía tiene miedo.
Aquí es donde entra la mujer perfecta, perfectamente loca y decide tomarlo de la mano sin soltarlo para saltar, intentar, emprender, competir, violar, seducir, soñar y caer, verbos que el hombre perfecto jamás había poseído ni por su acción misma ni en pensamiento divagante. Ya nada le atemoriza, ya ha probado la victoria y la derrota. No tiene un deseo ferviente ni emoción anticipada, su perfección se ha elevado aún con las metidas de pata. No hay hombre más valiente ni más sereno.
Y ella? ella sigue completamente loca, escribiendo sobre un hombre que la buscó desesperadamente proyectando en su interior la imágen de una mujer, perfectamente loca.
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