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Te sorprendí a través del cristal de la bañera, cuando una puerta abierta me invitó a mirar la escena de tu piel, que entre las nubes de vapor se humedece y se despierta.
El agua cae constante, te recorre y busca el suelo. Recuerdo que en la tarde era yo quien medía tu cuerpo, con la constancia de quien descubre su que anda buscando y aún así, y aún así, y aún así y aún así se da su tiempo.
Y te miro a través del cristal de la bañera, recoges el jabón y me concentro en tus caderas, lo pasas x tu piel tan dulcemente que le envidio su carrera.
Tus gestos no se ven, ni se ve el color de tus ojos, disueltos con vapor tus labios no llevan su tono usual de rojo y el tono de tu piel siempre contra el de la pared resulta en curva con tornos jabón y espuma, el remedio para mi sed, digo bien para mi sed.
Te estoy mirando a través del cristal de la bañera, lo miro casi todo y todo lo que veo me ciega. No te he llamado y tú en tu intimidad no te das cuenta. Pensaba visitarte y tú tan bella e indispuesta que me decidí a marcharme pero no a cerrar la puerta para verte cuando escribo, no sea que desaparezcas, para ver cuando escribo, no sea que desaparezcas.
Fernando Delgadillo
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