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HAUNTED Sleep well. In hellPhantasmagoria. ANIHILATOR. Una línea recta, un cilindro verde esponjoso, un poco de papel tapiz debajo de mi lengua. Casi nada. Un llegue. Trato de rebasar el día. Una hora, dos; hasta que llega la noche. La luz se dobla en colores y la acarician sus besos: Tantos, tangentes, tangibles, Tantras. Sus manos etéreas, descarnadas, juegan a las escondidas con mis ojos ambigüos, tan piratas que a veces se me hace que andan locos: De repente ven millones de chispas filtrarse por las rendijas de mi cuarto que no es cárcel, pero la hace de calabozo, y ella aprovecha para colarse cual gorrón de Chava Flores; me presenta a todas las arañas que construyeron este cubil de concreto alrededor de mis telarañas. El viaje que se trae la vieja esa malviaja mi viaje, algo así como un pistón de torton 75 o la patada de ahogado en un tanque de cerveza. La mujer y sus rollos, y luego ésta, que se aparece de pronto con todo y sus mensualidades congeladas. Ninfa, diosa, niña mamona de escuela fresa, vieja tetona de secundaria urbana; por eso la excluyeron del árbol de Porfirio y por eso también se viene a pasear por el chante cuando busco salirme de la luz. Y ahí esta danzando sus armonías al ritmo de un corazoncito que no tiene, porque se lo comió el gato. No lo niego, me la he estado caldeando. Me pone cachondo cuando anda despacito con sus piernitas flotando arriba de mi colchón, porque es ahí cuando platico con ella hasta que Sol mata Luna y verbo mata carita. Lástima, viene el brillo y entonces mis colores doblados, con los que empieza todo esto, desaparecen junto con su femenino fantasma invocado por relojes medianocheros. Todo se va y mis ojos abiertotes de pupilas se dejan penetrar por el día. Ya cuando despierto, me revuelco en mis cenizas y me pongo a mirar el amanecer, comiéndome al sol con lentes negros. Por eso prefiero la noche. Por eso el llegue hasta en la tarde; porque entro al hogar del sueño, de la pasión torcida, oblicua, angulada y oblonga, que no termina, que se la pasa desafiando mi entropía; no me deja perder mi cerebro aunque lo separe de mi cuerpo. Espero hasta el ocaso una bacha taciturna que me lleve de romántica huída con un par de güeyes en taranovela de horario jodido, a la capital de la orgía y de la acogedora (sin albur) muerte. Entonces todo se esfuma, se entrecorta, y antes de que ella se aparezca otra vez, mis últimas palabras la invocan y maldicen el futuro... Noche. Fantasma. Contento de verme. Día. ¿Vivo?.Vale Todo.Vale.Madre.
C.Tarello
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