Al oeste de tu mirada clara, se extiende un camino que lleva a un lugar de paz. Y si al llegar lo ves suficiente tiempo, es posible que ya no quieras regresar. Porque ese es un lugar de ésos que ya no hay, donde el dolor no existe y las lágrimas se han ido ya. Hay ahí muchas hermosas cosas y sabidurías que puedes aprender, con una serenidad inmutable que sirve a los corazones mutilados.
En ese lugar, al final del sendero, se esconde la paz.
El único problema, como siempre ocurre, es que nadie sabe donde está el camino.
Si se supiera, es posible que nadie estaría aquí, en este mundo extraño y enloquecido.
Es posible que este sitio fuera sólo el sueño de un gatito dormido encima de una guitarra. Pero aún así, que lindo sueño...