El día 9 de febrero de los corrientes (porque este año no ha tenido muchos finos) vine a enterarme en menos de 1 min. que me hallaba en estado de gravidez (y de gravedad en cuanto lo supe) cosa que me cayó de sorpresa mezclada con todos los estados anímicos y sensaciones que he vivido en mi cortísima vida (recuerden que desde hace mucho mido lo mismo, así que vivo "en corto").
La sorpresa no fue porque el espíritu santo hubiera acercádose a mi lecho y me hubiera hecho partícipe de la inmaculada concepción, sino porque NO ME LO ESPERABA. ¿Digo, no que Fer y yo éramos como de salva?
Después de las necesarias cavilaciones y conteos de días a posteriori, Fer y yo decidimos que era un regalo inconmensurablemente afortunado en nuestras vidas (aunque, insisto, no planeado) así que le hemos hecho cancha en una cajita de cerillos (mientras csigue creciendo dentro de mí) esa micro-miniatura que será nuestr@ hij@.
Sobra decir que estamos nerviosos, ajustándonos a nuestra nueva situación, pero singularmente felices. Ya hemos compartido la noticia casi con todos nuestros seres más queridos que igualmente, esperan a nuestro bebé con tanta emoción como nosotros.
La vida te sorprende cuando crees que ya nada lo hará.
Gracias por leerme.