Hace algun tiempo. . .
Estoy en el sillón de un cuarto que conserva cierto olor a muerte, que combinado con la amargura de la soledad, estremece las paredes resecas y me invita a pensar.
Mientras se humedecen las ventanas empañadas por la lluvia, que no es más que el horrible llanto de la gente, que se abraza, que se miente.
Las gotas son de sangre pura, y aún que escondan cristalinas dejan ver, el dolor, la hipocresía, la tristeza y la alegría, la esperanza y la agonía, la nostalgia y la malicia. Poco a poco se deslizan sin un cauce, y así van formando la figura de ese rostro, tu semblante.
Proyectando tanto miedo que es la luz para encontrarte decidí salir corriendo, no había forma de enterrarte.
Al momento del velorio ya le gente te esperaba, una lagrima en tus ojos procuraba mi mirada, y tembloroso me acercaba, y al verte en esa caja, eran muchos los rencores, eran muchos dolores, pero pocos los amores. . .
Cuanta gente hay ahora, gente que tu ni conocías, pero solo las arpías llegan siempre en este día, acechando como buitres, como aves de rapiña. Yo cave tu propia tumba, te maté sin compasión, puñalada a sangre fría, y hoy quisiera tu perdón. Sé que fuimos enemigos, y así te comparto mi dolor, el dolor de darme cuenta que a mi también la muerte me llevo. . . .