Al ritmo de una rockola de cantina, me preguntaba que habría escrito primero Juan Gabriel: ¿La diferencia o La farsante? La cuestión, en apariencia intrascendente, arribó a mis pensamientos una de esas tardes en las que corrí a las cantinas de la Glorieta de Insurgentes a abrir heridas profundas, o como quien dice, “a olvidar”.
Si primero fue La diferencia, dije, tengo esperanza. Pero si es posterior a La Farsante (oh, oh) ¡estoy perdido! Pedí otra cerveza y seguí cantando atormentándome con la pregunta de si acaso no le había dejado lo suficientemente claro lo mucho que lo quiero. Y entonces, como la hada madrina de Cenicienta ahí estaba Juanga otra vez.
Cual si fuese partido de futbol, en unas tres horas, la rockola tocó 4-1 La diferencia contra La farsante.
Primer Tiempo
Primer gol
¿No es La diferencia una rola humillante? ¿puede alguien querer a otro que no lo quiere? ¿cuál es el límite de espera? ¿Una eternidad? En la lógica del universo responsable ésta actitud no cuadra muy bien que digamos, sin embargo es más común de lo que uno es capaz de aceptar.
Segundo gol
El que esté libre de enamoramiento, que tire la primera piedra. Suena la rola por segunda vez y la tolerancia se hace presente. El corazón hecho trizas busca ponerse el saco y desesperadamente busca símiles. Juanga, que es todo amor, sabe que no es el único que se ha arrastrado por un poco de cariño. Bendito él, dichosos nosotros que no estamos solos.
Tercer gol
Las mesas dejan atrás la timidez. Los coros se identifican y se unen a la sensible interpretación del divo de Juárez. ¡Ah, qué manera de amar!, piensa uno. Sólo que ésta vez, en el entendido de que, como Pedro Infante, entre más pobre es uno más bueno. O lo que es lo mismo, el grado en que te desprecian es proporcional a tu nivel de nobleza. Ajá...
Segundo tiempo
Primer gol antagonista
Un momento. “¿Voy a hacer que tu hincado me pidas perdón y me implores amor delante de tu amante?” O sea, ¿cómo?. Entre la segunda cubeta de chelas la banda percibe la contradicción pero igual canta como quien por fin vio la luz al final del camino y, a resumidas cuentas, con ganas de ser razonables, uno piensa en lo difícil que es cuestionar el talento de Juanga que, diverso como él mismo, escribió canciones para todos. Para los que dejan, para los dejados, para los que no se quieren ir, para los que se fueron y se arrepintieron, para los que ya olvidaron, para los que volvieron, para los que creyeron terminar cuando nada había empezado, para los que nunca se fueron...
Cuarto gol
Irremediablemente alguien llora en la mesa. Para entonces, el maestro Juan Gabriel es el único ser capaz de capturar con tan fina precisión tan lamentable destino. Sólo él tuvo las palabras y el seso visionario para legarnos una joya de sufrimiento puro. El amor como imposibilidad estancado en un charco de regodeo y menosprecio. La esperanza eternamente postergada por una falsa pero reconfortante aceptación. Triste corazón pateado que acepta ser anulado.
Tiempo extra
Además de gran compositor y cantante, a Juanga debería reconocérsele el tino de sociólogo amateur. Digno representante de la cultura del sufrimiento, en su cancionero están todas las formas de expresión sanamente erróneas pero socialmente aceptables. El sufrimiento vende y es un negocio boyante porque responde a los modelos culturales de la sociedad, no al revés. No en vano las letras de las canciones del hit parade están marcadas por el “sin ti no soy”.
La culpa no es de Juanga sino de nuestros patrones de educación sentimental. Absurdos y limitados como nuestros recursos arrabaleros... ¡Ay mi Juanga, que sería una borrachera sin ti!
(Más textos viejos... éste es de hace un par de años, cuando me hice adicto a ir a la cantina de insurgentes y me la pasaba llorando y llorando... un día estaba de lúcido y creativo y surgió... esto)